HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

martes, 29 de noviembre de 2016

La iniciación de un hombre: 1917, de John Dos Passos

Cuando vi la portada en la estantaría de la librería me recordó a Belchite Viejo, un pueblo en ruinas de Zaragoza, por culpa de la locura de una guerra atroz. Seguidamente, cuando leí el nombre del escritor sentí que era el momento de acercarme a su obra. Su mundo se aproximaba al  mío y me quedaba pendiente traspasar el velo de su literatura el día que leí Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, donde mostró la nobleza humana y la inteligencia de John Dos Passos. 

La iniciación de un hombre: 1917 fue su primera novela y narra la experiencia de John Dos Passos como conductor de ambulancias en el frente francés durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Allí es testigo de lo más absurdo del ser humano. Su honesta visión le permitió encontrar el origen de esta cruel sinrazón, ejecutada por humanos, pero promovida por banqueros. J.P. Morgan, tomó el control de los principales veinticinco periódicos de Estados Unidos con el fin de hacer propaganda a favor de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Además, el Comité del Senado informó de que entre 1915 y enero de 1917, los Estados Unidos prestaron 27 millones de dólares a Alemania y en el mismo período, prestaron 2.300 millones al Reino Unido y a sus aliados, casi cien veces más. Mientras tanto, millones de personas murieron en las trincheras de Europa para favorecer esos mezquinos intereses.

–Y en América, ¿les gusta la guerra?
–No saben lo que es. Son como niños. Se creen todo lo que les dicen; no tienen experiencia alguna en cuestiones internacionales, como ustedes los europeos. A mi entender, nuestra participación en la guerra ha sido una tragedia. 

América está regida por la prensa y la prensa responde a oscuras fuerzas que manipulan a hordas de inocentes, engañados por constantes falsedades que les asfixian. Los dóciles y bondadosos han perdido la senda de la libertad y han quedado convertidos en esclavos consentidores. La guerra es su principal enemigo. Es inadmisible. Hay que pararla. Lo primero que hay que hacer es traer la paz, como simiente en nuestras mentes para que crezca el árbol del progreso, y la vida no sea una burla, una amarga burla que aniquile nuestro valor interior. Segundo, debe haber un asedio contra la mentira en todos sus formatos. Tampoco es tolerable. Es una distorsión de cobardía. Tercero, somos energía y podemos tomar el rol de co-creadores del Universo, con cada acción y con cada pensamiento. Debemos preguntarnos: ¿hacía donde va mi energía?, ¿tengo conmigo el poder, o se lo cedí a los gobiernos, a las religiones, a la propiedad, a los médicos y a los militares?. ¿Qué hay de nuestra libertad?, ¿qué acepto y qué rechazo? ¿hemos olvidado también la paz que reina en el silencio?

La iniciación de un hombre: 1917 fue totalmente ignorada por la crítica. No alimentaba el patriotismo sino otros valores universales, y ningunearon al autor por su peligrosa claridad y acierto. Esa crítica operó para oscurecer el arte, y es la misma que trabaja en los medios de comunicación convencionales para alzar al adoctrinado y silenciar la voz común que observa insólita. Esa crítica fue, ha sido y es, sierva de los intereses de trece ricos adoradores del mal y lo material, que forjan rebaños a su voluntad. No permiten que despiertes con otras ideas. Te prefieren sumiso, sin que cuestiones la autoridad, dentro de una corriente ignorante y sin sensibilidad. Pero nunca calculan que el universo es infinito y que la literatura es una de sus múltiples vías de libertad, lo que explica que John Dos Passos esté hoy aquí, como un Huracán en papel. ¡Libre! ¡incólume! Atravesando el tiempo para alimentar tu espíritu. ¡Recárgate!

El talento solía significar libertad, una luz luchando contra la oscuridad.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Piedras de colores, de Adalbert Stifter

Me apareció esta pieza literaria en un pasillo recóndito de la biblioteca que más frecuento estos días de otoño. La portada me fascinó y la edición tan cuidadosa completó el resto de la decisión. Al abrir la primera página observé que nadie se había llevado este pequeño libro. No aparecía ninguna fecha en la hoja de préstamos. Así que la sensación de estar frente a un tesoro que nadie había descubierto se hizo en mi interior muy poderosa, y como es de tamaño de bolsillo, lo he llevado conmigo, acompañándome a todos los lugares a los que he ido. Como quien lleva castañas asadas en invierno. 

Empecé saboreando cada página de la introducción hasta alcanzar una atmósfera de respeto y admiración por el autor.

Si algo bueno y noble hay en un escritor, eso será lo que refleje su obra, escriba lo que escriba, porque las leyes que rigen lo pequeño son las mismas que rigen el Universo. La manifestación de la ley que mueve el mundo está tanto en el soplo de la brisa, en el correr del agua, el verde de los sembrados como en la majestuosa tormenta que arrasa los campos, amenaza casas, o destruye los árboles. Y esto mismo  ocurre de forma similar en el interior del ser humano. Hay mayor grandeza en aquellos espíritus que llevan una vida equilibrada en la que se hace uso del buen juicio, se siente admiración por lo bello y se mantiene una actitud serena ante la cercanía de la muerte, que en aquellos en los que dominan los impulsos de cólera, destrucción o venganza y que en su exaltación arrastran su propia vida.

La manifestación de la dulce ley que mueve al género humano es la que Stifter reconoce y plasma en Piedras de colores, mostrando la ley de la equidad que hace que cada cual pueda vivir entre los otros, no bajo la amenaza, sino en el respeto y la dignidad, que le van a hacer posible cumplir su destino humano. Esa ley actúa tanto en las cabañas como en los palacios, y se puede percibir tanto en la abnegación de una pobre mujer como en el desprecio soberano de la muerte que hace gala el héroe que se sacrifica por la humanidad. Para Stifter el arte es lo más elevado, después de Dios. No fue un escritor que perteneciera a ningún movimiento de su época. Se limitó a describir su entorno priorizando la estética y la simplicidad con la motivación de crear para el lector un rato agradable y contribuir con un grano de bondad a la construcción de lo eterno.

El éxito de Piedras de colores  fue total, no sólo en los círculos literarios o entre otros escritores, sino que produjo una honda impresión en amplios sectores del público. Los críticos literarios ponderaron la claridad y pureza de sus lineas, reconociendo la paz, la belleza y la nobleza de los sentimientos que irradiaban en los dos relatos de este magistral libro, Cristal de roca y Creta blanca. El primero les llevará a las enigmáticas montañas y el segundo a un castillo en la llanura. Disfruten del paseo. Volverán renovados. ¡Tránsito!




jueves, 3 de noviembre de 2016

El martirio del obeso, de Henri Béraud


¿Se dan cuenta que a veces los libros nos escogen y no al revés? Así fue como me sedujo esta obra. Vi la portada entre muchas novelas de amor. Un hombre de época de presencia señorial. Un barco evocando un viaje emocional por alta mar, pues lo que se sustenta sobre unas tripas sólo puede traer una inmersión sentimental.  Corrían las letras de un escritor francés a quienes recuerdo con una sensibilidad muy racional. Leí la primera página. Y me agarró.

Se trata de la escritura fluida, profunda y atemperada de un Premio Goncourt, galardón literario de mayor prestigio en Francia, recibido en 1922 por Henri Béraud. El martirio del obeso narra la historia de un martirio amoroso con los desprecios y la indiferencia que las mujeres cometen hacia los hombres gordos, pero con el humor y la frescura de una inteligencia que supo trascender a su persona y describir la vida como un banquete de oportunidades y herramientas para alcanzar la felicidad.

No esperen encontrar a un glotón y a un zafio descortés. La voz de esta novela pertenece a un miembro del Club de los Cien Kilos, extremadamente selectivo, procuaz, risueño, muy sociable y afectuoso. Su trato bonachón les acompañará hacia un baile de personalidades y situaciones jocosas, para reivindicar lo sano que es reírse de uno mismo. Los gordos atesoran una serie de cualidades invisibles al resto de los mortales, probablemente por quedar ocultas bajo una capa de grasa, y es de ahí de donde nacen una serie de prejuicios que los hace propensos a ser víctimas del abuso, especialmente del abuso emocional, por lo que queda redimido cuanto pueda achacárseles: todo en los gordos está bien y es digno de admiración, y lo que de malo les ocurre trae por causa la inquina, la envidia, la incomprensión y la ignorancia ajena, horrores todos ellos nacidos en el mundo de los escuálidos. ¿Te atreves a seguir aprendiendo? ¡Tránsito!