HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 11 de junio de 2015

Blitz, de David Trueba

Ayer se desplomó una tormenta en Zaragoza. Explotó cuando llegué a casa. El cielo retumbaba. Me puse a terminar de leer esta novela mientras las gotas resbalaban por el cristal de la ventana, mientras el olor a lluvia entraba en el salón, invitado por la tormenta. Sentí una calma empírea y suprema. Mis ojos recogían las letras, empapándose de ideas y conjeturas, y sentí que me limpiaban, dejándome ante un nuevo estado de tránsito. Hoy he llegado a la última página y ahora entiendo que cada cosa que sucedió durante el proceso de lectura, fue una danza acompasada por los antojos del destino, también los truenos y el chubasco, que fueron lo más auténtico del encuentro.

Encontré el libro el viernes en la biblioteca más moderna y exigua de la ciudad, la CUBIT, con el depósito de obras más pequeño de todas las que conozco. La había visto anunciada en la página web de Anagrama tiempo atrás, y la agarré, sin dudarlo un instante, de la sección de novedades. No esperaba mucho de ella aunque intuía que dentro había un mensaje importante, la portada mostraba cambios, movimiento, acción y una seria duda. El título tenía algo de eléctrico y dinámico al pronunciarse. En pocos días pude completarla. Y éste ha sido el resultado de la lectura.

Blitz es literatura de huída, de encuentros y desamor, que empuja a la metamorfosis de los afectos a través de experiencias divergentes y discordantes, en truncada sintonía con aquellos a los que les ha sacudido la actual crisis española. La obra de Trueba simboliza el azar, el destino y la providencia, las tres fuerzas que intervienen en un devenir. Todo personificado en Beto, un arquitecto paisajista en pleno hundimiento sentimental que viaja a Alemania para exponer su proyecto arquitectónico y optar a un cuantioso premio. Marta, su novia, le ha dejado asépticamente por un ex-novio uruguayo en el momento de sacar su nuevo disco. Helga, la traductora que le ayuda, es una mujer mayor que iluminará como un relámpago la vida de Beto. Doce capítulos dedicados, cada uno, a un mes del año, que se escurren como los granos de un reloj de arena.

Aunque la historia pierde cierta verosimilitud con la realidad, es interesante el análisis que arroja sobre las convenciones sociales, los estereotipos vinculantes, la fragilidad de la belleza o el rumbo caprichoso de la fatalidad; y así, entre todo este derrumbamiento afrontado con impulsividad y turbación, la trama avanza como un logos que penetra en las tinieblas, descendiendo al corazón mismo de la Naturaleza Humana. David Trueba va ofreciendo, una tras otra, escenas ociosas y tragicómicas pero que se evaporan en un simple entretenimiento, y que no valen, a mi juicio, la distinción del arte.  Como broche final elige una escena emotiva y afectuosa, pero anodina, que evoca un paisaje de ensueño oscurecido, donde más bien creí ver una escalera que conectaba con el Cielo, y a un hombre convertido en niño dependiente, que sufre ausencia de madre y no sabe bien poner los límites de lo inadecuado y lo imprudente; en lugar del cierre digno y relampagueante que habría electroagitado a cualquier alma atribulada. He sentido que prevalece más, la mano en la nuca de la duda, que el propio rayo ultra-alemanizado. Tal vez por eso, ha sucumbido. Los lectores no estamos para que también nos alemanicen los fenómenos naturales. ¡Cuídense! ¡Blum!


Me comportaba con ella con tal frialdad que después de hacer el amor podríamos haber puesto a enfriar las cervezas en mi corazón.


viernes, 5 de junio de 2015

Los escándalos de Crome, de Aldous Huxley

Una nueva obra ha caído con el peso de sus letras en este reducto de la literatura. Desde este corredor de mundos descubrí que uno sólo es feliz entregándose a la acción y así me moví una vez más como lo hace el viento cuando se revuelve entre los árboles, hasta dar con la primera novela de Aldous Huxley, que estaba dormida en una librería de antiguos y de ocasión, viejos y descatalogados.

La novela se desarrolla en Crome, Inglaterra, en una casa de campo de un matrimonio de la alta aristocracia británica. El Sr. y la Sra. Wimbush invitan a varios personajes para dar una fiesta, son tipos aburridos, egoístas, maniáticos, profundamente desgraciados en medio de sus extravagancias, personas de transición, residuos, desechos de un modo de civilización en decadencia. Y ello, sobre todo, por ser víctimas de una educación descuidada, deficiente y perniciosa. Todos han visto muchas cosas y no han profundizado ninguna. No hay en sus mentes un ideal que dé unidad a lo que saben y un sentido a sus vidas. Allí en Crome sale a relucir todo, como expuestos en el escenario de un teatro.

Aldous Huxley dijo que la piedra de toque del temperamento literario es la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder, y que la parte verbal, la técnica de la literatura, es sencillamente una extensión de dicha magia, ya que son las palabras la invención primera y más grandiosa del hombre. Con el lenguaje el hombre ha creado un nuevo universo. Los literatos, descendientes de esos magos, continúan todavía el proceso, ensamblando fórmulas verbales, temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido, pues pueden llegar a evocar emociones hasta en los espíritus vacíos.

Los escándalos de Crome es una sátira escrita por uno de los más inteligentes escritores del siglo XX, que aprovechó la riqueza del lenguaje para concienciar al público de una época social en liquidación, ridiculizando sus vicios y ligerezas, con la agudeza de observación y la precisión psicológica propias de un erudito.

Aunque ya han pasado casi cien años desde que fue escrita (1921), los personajes resultan cercanos y perfectamente reconocibles pues sus personalidades y caracteres podrían pertenecer al Eterno Humano, de tal manera que algún día veas personas y digas que «parecen personajes de Crome». ¡Que el destino no lo quiera!


«Me siento hastiado de ver el espíritu humano encenegado en medio de la plétora social; prefiero describirlo retozando libre y deportivamente en el vacío.»