HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

martes, 2 de junio de 2009

Pedro Páramo de Juan Rulfo

No salgo de mi asombro. Es sobrecogedora. Es una novela perfecta. Literatura de Altura. Un Huracán en papel. No le sobra ni le falta nada. Se permite el lujo de ser poética sin perder una sola cualidad narrativa. Es una novela llena de palabras, pero que trata del silencio, lo cual declina en milagroso. Su estilo es toda una innovación y una reforma para la literatura. Rulfo fue considerado el padre del realismo mágico, adelantándose a Gabriel García Marquez, en un género literario que pretendió dar verosimilitud interna a lo fantástico e irreal, a diferencia de la actitud nihilista asumida originalmente por las vanguardias, como el surrealismo.

Juan Rulfo compró un cuaderno escolar en mayo de 1954 y en él apuntó el primer capitulo de una novela que durante años se había estado fraguando en su cabeza, sin muy bien conocer la procedencia de las intuiciones que terminaron por construir la novela. Escribió Pedro Páramo como si alguien se la dictara. De pronto, a media calle, se le ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules. Hoy, está considerada como la novela mexicana más importante del siglo XX y el mejor libro en lengua española de su centuria.

El libro es la descripción de un sueño en el momento mismo en que el autor lo está soñando. Curiosamente, todos los personajes están muertos. Nada más empezar a leer, la madre del narrador muere, y en su lecho mortuorio le pide como promesa a su hijo, Juan Preciado, que visite a su padre, Pedro Páramo, a quien deberá encontrar en un pueblo desértico de México llamado Comala, un lugar de tránsito, situado entre la vida y la muerte. Un lugar infernal y terrorífico, pero que jugará un papel decisivo en nuestro devenir.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo.”


La narración se desarrolla bajo el régimen dictatorial de Porfirio Díaz, muy grato a los latifundistas pero todo un abismo para el resto de mejicanos. Una revolución lo hizo caer en 1911, y el libro relata los años anteriores. Pedro Páramo es un latifundista y un cacique en un solitario altiplano abandonado por los dioses y al margen de toda jurisdicción humana, un lugar extremadamente miserable. Por más soñadora, por más sonámbula que sea esta maravillosa novela -una pesadilla, un azote, poesía pura- es también la descripción real de la miseria de los campesinos mejicanos. Una pobreza indescriptible, una muerte en vida, apenas consolada por una iglesia inerme y corrupta, representada en el simbólico personaje del Padre Rentería.


“—¿Conoce usted a Pedro Páramo?le pregunté.
Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.
¿Quién es?volví a preguntar.
Un rencor vivo
me contestó él.

Tras el apoteósico éxito de la novela, que escribió como si fuera un copista, ya no volvió jamás a escribir nada en sus treinta años restantes de vida. Vila-Matas lo eligió en su obra Bartleby y compañía como uno de los escritores preferentes del No. Nunca recibió el Premio Nobel de Literatura pero entró junto con Borges en el Olimpo de las letras.

Como dato final les apunto que al terminar la lectura, todos los murmullos de muerte que recibirán del desierto humano y del infernal concierto de almas en pena que comporta este valle, les contaminarán de una destrucción un tanto poética, así que no teman, puesto que, seguidamente, dicho estado les otorgará el renacimiento hacia una nueva vida. Entrar en Coloma implica adentrarse en una inolvidable resurrección anímica. Está cargada de un estilo sensorial y metafórico, plagado de imágenes líricas. La obra es redonda, de una estructura sólidamente circular. No se la pierdan.

“Este pueblo está lleno de ecos.”